Diario ártico de Josephine Diebitsch Peary

Un año entre los hielos y los inuit

Traducción de Ricardo Martínez-Llorca

ISBN: 978-8417594-16-9

La línea del horizonte

Uno de los escasos relatos en la historia de la exploración polar protagonizado por una mujer inusual. Cuenta su vida durante el año que pasó en Groenlandia con ocasión de la expedición de 1891 comandada por su marido, Robert Peary, que habría de ser una de las figuras centrales en la pugna ártica. En la bahía McCormick, al norte de la isla, construyen un refugio en madera y allí convive, en duras condiciones, con la población local. Tras el impacto que le provocan sus extrañas costumbres, nuestra dama comparte experiencias con las mujeres inuit, de cuya vida, hábitos y cultura deja registro detallado en estas páginas. Nos habla del cosido y tratamiento de las pieles con las que se visten, de la comida, de la vida familiar en el interior del iglú, de sus desplazamientos en trineo, del emparejamiento o de hábitos terribles como el infanticidio cuando se quedan viudas. Presencia escenas de extrema violencia hacia ellas y hasta un episodio de Pibloktop, o histeria ártica, fenómeno ligado a la dureza de su condición femenina.

Información enormemente valiosa para la incipiente etnología de la época que desconocía la vida cotidiana de las poblaciones aborígenes árticas, pero también asoma en estos diarios el aguijón de la aventura extrema, la observación y registro de la belleza feroz de ese entorno hostil, junto a un plácido canto a la vida al aire libre y el placer de los pequeños detalles. Isabel Coixet se inspiró en esta valerosa mujer para el personaje principal de su película Nadie quiere la noche.

Josephine Diebitsch Peary (1863-1955) Hija de emigrantes alemanes en Estados Unidos, su padre fue traductor en el Smithsonian Institute de Washington. Conoció muy temprano al que iba a ser el famoso explorador del Polo Norte, Robert Peary, con quien se casó y realizó sus dos primera exploraciones al ártico. Su papel siempre fue más allá del estrictamente familiar. Abrazó la causa polar, apoyó y buscó patrocinadores para las expediciones de su marido y fue la primera mujer blanca en hibernar en la larga noche polar, además de contribuir al conocimiento de la cultura inuit con sus detalladas observaciones. En 1893, durante su segunda expedición a Groenlandia, dio a luz una hija a 77º 44’ latitud norte, donde jamás ninguna mujer blanca lo había hecho. Escribió tres relatos sobre su experiencia que fueron en su día verdaderos éxitos de ventas: Diario ártico. Un año entre los hielos y los inuits, que traducimos por primera vez y Snow baby y Children of the Artic enfocados a lectores juveniles.

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