El hombre que hace lo que le viene en gana de Oskar Andersson

Traducción María José Vázquez Paz

ISBN: 978-84-92890-88-0

El Nadir Ediciones

vieneengana

Oskar Andersson es, todavía hoy, un gran desconocido fuera de Suecia. En su país natal, sin embargo, su obra ha sido objeto de constantes reediciones y exposiciones retrospectivas. Puede ser que la causa de este olvido radique en que Oskar Andersson se empleó en un arte tan «intrascendente» como el del humor gráfico y la historieta, raramente destinado a traspasar fronteras. “El hombre que hace lo que le viene en gana” es una serie magistral de tiras mudas que relata las aventuras de un sujeto extravagante, caprichoso y juguetón, capaz de subvertir el orden, usos y convenciones sociales, traspasando a menudo los límites de una chata realidad: lo veremos tanto plegar su coche y metérselo en un bolsillo como cortarse los dedos de la manos con la que acaba de saludar a alguien que sin duda detesta. Andersson, considerado el iniciador de la tradición historietística sueca es, pese a su corta carrera, uno de los mejores caricaturistas escandinavos de principios del siglo XX.

Oskar Andersson nace el 11 de enero de 1877, en Estocolmo. Hijo de un trabajador de la Casa de la Moneda, pronto muestra aptitudes para el dibujo, por lo que parecería destinado a convertirse en anónimo grabador. No será así. Tras estudiar artes aplicadas, en 1897 publica sus primeras caricaturas. En un principio en la revista Strix (propiedad del también magnífico dibujante y escritor Albert Engström) y, poco después, ya con regularidad, en su competidora Söndags-Nisse. De este modo, Andersson consigue a edad muy temprana seguridad económica (gracias a su editor –y amigo– Hasse Zetterström), además de una notable popularidad. En 1906, después de una larga depresión y condicionado por un trastorno obsesivo, Oskar Andersson se quitó la vida. Las razones últimas de esta decisión no están claras, pero parece que el tiempo que permaneció haciendo dibujos de actividades militares influyó: el trato cruel, en especial el dedicado a los caballos, pudo contribuir a que su desolación fuese completa.

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